Lágrimas retrasadas
Hoy me han recordado algo importante. Ha pasado un año.
Un año exactamente desde ese día en el que me sentí impotente, con miedo y con una inmensa responsabilidad.
Una llamada tuya aún conciente, avisando tu agonía, la voz entrecortada llena de angustia y miedo pero no por tí sin por esas dos personitas que ignoraban lo que pasaba.
Despúes el silencio ese horrible silencio que me hizo pensar lo peor. El camino a tú casa se me hizo eterno, quería que el auto volara quería gritar a todos los conductores que estabas en peligro, que necesitabas ayuda para que a su vez ellos me ayudaran a llegar a tí.
Cuando por fín llegamos contigo, la puerta abierta y una niña llorando con el rostro pálido, desencajado y lleno de duda (sigo odiando esa imagen en mi cabeza) anunciaban algo malo.
Tres palabras, tan comunes y a la vez tan ajenas, tres maldtas palabras que aún rebotan en las paredes de mi cerebro, tres palabras dichas por el ser más inocente que he conocido.
Sólo me restaba confirmarlo, no olvido el sonido que se produjo cuando la suela de mi zapato piso el charco de sangre que se había formado en torno a tí, me parecío imposible que mis manos estuvieran llenas de ella. Para mi fortuna emitiste un leve sonido y entonces sin perder tiempo te levantamos para llevarte al coche.
La luz roja no nos iba a detener, no importaba nada más, sólo tú.
Preguntas recurrentes de tú parte, todo parecía tan extraño y sin embargo ante tí debía aparentar que nada sucedía , que todo estaría bien.
El celular sonaba sin cesar, las noticias debían correr como el agua en un río. Por fín te estabilizaste.
Y despúes conocimos la causa, claro que hubo perdidas pero tú estás aquí, conmigo y eso es lo más importante.
Ha pasado un año de esto y me parece increíble que hasta ahora mis ojos se humedezcan por el hecho.



